
En Castellana, una de las avenidas que define Madrid, este piso se sitúa en un edificio de 1966 con acceso por ascensor. La vivienda se desarrolla en torno a una distribución que equilibra amplitud y privacidad, respondiendo a las proporciones características de su época. Los espacios de estar y comedor se articulan conjuntamente, formando el corazón social de la casa. La luz natural accede desde la terraza, ese espacio exterior que proyecta amplitud e iluminación hacia el interior. La cocina opera como núcleo funcional, canalizando el movimiento entre las zonas públicas y privadas del hogar.
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Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.