En el corazón de Recoletos, a apenas unos pasos del Retiro, este piso de planta baja se sitúa en un edificio de 1935 con ascensor. El hogar se despliega desde un generoso recibidor que abre hacia espacios concebidos en torno a la luz natural y la amplitud. El salón comedor principal se extiende a lo largo de la fachada, donde dos juegos de ventanales dobles enmarcan las vistas limpias hacia la arquitectura distinguida del barrio. La luz natural define este espacio, creando volumen y fluidez que se propagan hacia el interior. Las proporciones de la sala y su orientación la convierten en el centro social del hogar, conectando de manera natural con las áreas más privadas.
Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.