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Ubicado en un edificio clásico de los años cuarenta en el barrio de Salamanca, este piso combina el carácter de su arquitectura original con un interior recién reformado. Al entrar, el salón y el comedor se definen por una luz natural cálida, donde los detalles originales conviven con acabados contemporáneos en un equilibrio cuidado. Una cocina compacta pero funcional se integra con naturalidad, mientras que la zona de descanso incluye dos dormitorios y un baño con materiales de calidad. El hogar conserva la elegancia discreta de su entorno, ofreciendo un espacio meditado en uno de los distritos más consolidados de Madrid.
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Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.