
En una de las avenidas más elegantes de Madrid, este ático en sexta planta se integra con discreción en un edificio de época de líneas sobrias. El apartamento se articula a partir de un amplio vestíbulo que marca el tono material de la vivienda: suelos de roble, paredes de yeso pulido y una iluminación indirecta que suaviza el paso entre estancias. El salón y el comedor forman un espacio fluido, donde techos altos y ventanales generosos enmarcan la ciudad. Una terraza cubierta prolonga el interior hacia el exterior, ofreciendo un lugar resguardado para el desayuno o la luz del atardecer. La zona de descanso alberga dos dormitorios, cada uno con su propio baño. La suite principal se distingue por un ambiente más recogido, con carpintería empotrada y un baño revestido en mármol mate. El segundo dormitorio, igualmente privado, comparte acceso a la misma terraza que el salón. La vivienda mantiene una coherencia material y formal en todo su recorrido, donde el detalle clásico convive con una ejecución contemporánea. El ascensor llega directamente a la planta, y el edificio conserva su carácter original, con sus elementos históricos intactos.
Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.