
En La Moraleja, uno de los enclaves residenciales más consolidados de Madrid, esta casa adosada en planta baja ofrece una experiencia de vida independiente caracterizada por espacios generosos y una conexión directa con el exterior. La propiedad se distribuye a lo largo de 308 m² con una orientación sur que garantiza luz natural durante todo el día. Los espacios de convivencia se articulan en torno a la relación fluida entre la sala de estar, el comedor y la cocina, cada zona naturalmente diferenciada sin separaciones rígidas. Desde aquí, la vivienda se abre hacia una terraza privada—un amenidad poco común en esta tipología que funciona como prolongación del interior, tanto para el uso cotidiano como para recibir. La zona de descanso alberga cuatro dormitorios distribuidos en los niveles superiores, servidos por tres cuartos de baño estratégicamente ubicados en diferentes zonas de la casa. Los materiales y acabados mantienen una coherencia visual que se extiende por toda la vivienda.
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La Moraleja técnicamente no es Madrid — está en el municipio de Alcobendas, a unos 15 km al norte de la ciudad por la A-1 — pero funciona como la respuesta por defecto de la familia corporativa internacional a la pregunta "¿dónde vivimos mientras nuestros hijos van al colegio en inglés?". El distrito es una colección de urbanizaciones cerradas desarrolladas desde los años 70, con villas en parcelas de 1.000–5.000 m², jardines privados, piscinas y la mayor concentración de colegios internacionales en inglés y otros idiomas de toda España (ICS, Runnymede, King's College, Brewster, Colegio Base, el campus Saint-Exupéry del Liceo Francés — todos en un radio de 1 km). Es suburbano en el sentido americano, no en el español: aquí se mueve uno en coche, las calles están arboladas y el tejido social pasa por las puertas del colegio y el Club de Campo La Moraleja.