
En el corredor de la Castellana, uno de los principales ejes urbanos que articulan Madrid de norte a sur, se sitúa esta residencia en el barrio de Salamanca. La ubicación la posiciona en el corazón del eje económico e institucional de la capital, rodeada de arquitectura de prestigio e infraestructura consolidada. Este piso en primera planta se desarrolla en 360 m² dentro de un edificio de época finalizado en 2020. El programa gira en torno a un generoso espacio de estar y comedor que marca el ritmo del hogar, abriéndose a una terraza que prolonga el interior hacia el exterior. Dos dormitorios y tres baños se distribuyen a lo largo de la vivienda, cada uno posicionado con cuidado para mantener la privacidad al tiempo que preserva la fluidez del conjunto.
Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.