
En una calle tranquila de Recoletos, este piso en quinto piso se integra en un edificio señorial de 1936 con ascensor. El acceso a la vivienda revela un vestíbulo central que organiza el espacio con orden, llevando a un salón-comedor iluminado por luz natural y proporcionalidad. Detalles originales, como techos altos y suelos de madera, mantienen el vínculo con el pasado del edificio, mientras que la distribución preserva una fluidez funcional entre las estancias.
Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.