
En el tramo más elegante de Jorge Juan, en pleno Recoletos, este ático corona un edificio de época con una presencia discreta y bien resuelta. La vivienda se articula en torno a la relación entre lo interior y lo exterior, donde una terraza de proporciones generosas actúa como prolongación natural de los espacios habitables. El recorrido comienza en un vestíbulo que marca el tono material de la casa. Suelos de roble, techos altos y una distribución lineal definen una secuencia fluida: salón y comedor se funden en un único ambiente de proporciones equilibradas, mientras la cocina, integrada con discreción, mantiene la coherencia del conjunto con encimeras de piedra y electrodomésticos empotrados. Las dos habitaciones, cada una con su baño, se sitúan en la zona más privada, orientadas para captar la luz natural sin renunciar a la intimidad. La suite principal se abre directamente a la terraza, donde el pavimento de piedra y los maceteros integrados crean un espacio exterior pensado para el uso cotidiano. Un lugar que, más que un añadido, forma parte esencial de la vivienda.
Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.