En el Paseo de la Castellana, en el centro de Recoletos, este piso ocupa la cuarta planta de un edificio señorial de 1948. Una reforma integral ha redefinido el espacio con rigor contemporáneo, respetando el carácter original del inmueble mientras incorpora una paleta de materiales sobrios. El ascensor lleva directamente a la vivienda, donde una sucesión de estancias abiertas y luminosas se despliega con equilibrio.
Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.