En Almagro, uno de los barrios más refinados de Madrid, este apartamento de 1950 ocupa una posición destacada en un edificio de relevancia arquitectónica. La residencia se desarrolla a lo largo de 207 m² distribuidos en tres dormitorios de generosas proporciones y tres baños, ordenados para equilibrar la privacidad con la fluidez de la vida cotidiana. La entrada establece un lenguaje material de sobriedad: pisos de piedra recorren los espacios, otorgando una sensación de permanencia. La secuencia avanza desde la zona de acceso hacia las áreas de vida, donde la luz natural marca el ritmo diario. La cocina integra electrodomésticos contemporáneos dentro del marco arquitectónico existente, mientras que una terraza extiende el espacio de estar hacia el exterior, ofreciendo respiro de la calle. Los dormitorios se distribuyen en la planta con atención a la separación y la tranquilidad, cada uno vinculado a su propio baño.
O contacta con Engel & Völkers ↗.
Almagro es el bolsillo tranquilo encajado entre Chamberí y la Castellana — unas pocas manzanas donde familias españolas de toda la vida, diplomáticos y fundadores de family offices viven desde hace generaciones. Calles como Fortuny, Zurbano o la propia Almagro se alinean con palacetes de finales del XIX construidos originalmente como vivienda unifamiliar, mayoritariamente reconvertidos en uno o dos pisos completos por planta, con alguna todavía en manos de las familias originales. La densidad de embajadas y consulados por manzana es la más alta de Madrid fuera de la franja diplomática formal de la Castellana. El parque inmobiliario es inusualmente homogéneo para el Madrid central — fachadas de sillería y ladrillo, techos de 3–4 m, barandillas originales de hierro forjado — y las viviendas son grandes, 180–400 m² es lo habitual.