En la Calle de Alcalá, uno de los ejes más distinguidos de Madrid, esta vivienda ocupa la séptima planta de un edificio de los años 50 que conserva el lenguaje arquitectónico de su época. El inmueble comprende 202 m² y se presenta como un lienzo generoso para quienes deseen configurar un hogar en el contexto clásico de Salamanca. La distribución se despliega en torno a seis dormitorios y cuatro cuartos de baño, organizados alrededor de una zona social de generosas dimensiones. Los grandes ventanales aportan luz sostenida a los espacios de estar y comedor, mientras que la cocina ha sido equipada con instalaciones contemporáneas y espacio contiguo para el comedor. El edificio dispone de acceso por ascensor a través de dos escaleras independientes, y un conserje asiste en las operaciones diarias.
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Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.