
En la calle Alcalá, en el corazón del barrio de Salamanca, este piso se ubica en la octava planta de un edificio de 1965 con ascensor. Al entrar, el salón y el comedor se abren en un espacio amplio, iluminado por grandes ventanales. Una terraza prolonga el interior hacia el exterior, creando un rincón tranquilo con vistas a las calles elegantes del distrito. La cocina, contigua, está pensada para el uso cotidiano y el entretenimiento. Las dos habitaciones, situadas en la parte trasera, conservan su propio carácter, mientras que los tres baños aportan funcionalidad y discreción. Los acabados originales, en buen estado, refuerzan el aire atemporal del hogar.
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Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.