
En una calle tranquila del barrio de Salamanca, este piso ocupa la planta alta de un edificio de 1986, con orientación exterior que permite que la luz recorra el interior con naturalidad. La entrada da paso a un amplio recibidor que marca el carácter de una vivienda donde la proporción y los materiales definen el espacio. Los suelos de roble natural se extienden por toda la casa, aportando calidez a una arquitectura de líneas depuradas.
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También en: Domus Aurea Capital, The Sibarist, Walter Haus, Promora.
Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.