
Ubicado en un edificio señorial de 1934 en Recoletos, este piso en semisótano con orientación exterior recibe la luz natural como parte de su esencia. Desde el salón-comedor, el espacio se desarrolla con un trazado sereno, donde los suelos de roble aportan calidez y coherencia. La cocina, integrada pero delimitada, combina discreción y utilidad. Dos dormitorios y dos baños cierran la vivienda, cada uno con un carácter contenido. Con acceso por ascensor, la propiedad conserva el aire clásico de su época, adaptado a una sensibilidad contemporánea.
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Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.