
En el Paseo de la Castellana, este piso se sitúa en un edificio señorial de 1962, en el centro del barrio de Salamanca. El espacio se desarrolla con una distribución equilibrada, iniciándose en un amplio vestíbulo que anticipa el carácter de la vivienda. Los suelos de roble, que se prolongan por toda la casa, refuerzan la sensación de calidez, potenciada por la luz natural que inunda los interiores gracias a su orientación exterior.
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Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.