
En la Castellana, en el centro del barrio de Salamanca, esta vivienda se ubica en el tercer piso de un edificio clásico con ascensor. El piso se abre con un vestíbulo de amplias proporciones, que introduce un hogar donde la elegancia tradicional dialoga con el diseño actual. Las estancias se suceden con fluidez, culminando en una terraza que amplía el espacio interior hacia el exterior, vinculando la residencia con el entorno de la calle.
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Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.