
En el Paseo de la Castellana, en el núcleo de Salamanca, este piso se ubica en un edificio de 1936 con ascensor. La vivienda ha sido reformada por completo, redefiniendo sus interiors para equilibrar la claridad contemporánea con el carácter de su época. Desde la entrada, el espacio se despliega en una secuencia lineal: un salón-comedor de techos altos, una cocina integrada en el ritmo cotidiano de la casa y una terraza que prolonga el interior hacia el exterior. La zona privada alberga tres dormitorios y tres baños, cada uno resuelto con una discreción meticulosa. La luz natural recorre el espacio, subrayando las líneas limpias y la contención material que lo caracterizan.
Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.