
En la ancha y elegante calle Jorge Juan, en el barrio de Recoletos, esta vivienda en planta baja ocupa un lugar de discreta relevancia. La fachada clásica del edificio da paso a un interior que se despliega con una sensación de espacio medido y luz natural, propia de la arquitectura depurada de Salamanca.
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Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.