En los altos de un edificio de 1993 en Recoletos, este piso propone un espacio en bruto para una nueva interpretación. La distribución, de una sola planta, se articula en torno a un dormitorio y un baño que conforman la zona privada. Las grandes ventanas captan la luz natural, mientras que la altura aporta distancia respecto al bullicio de la calle.
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Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.