En Almagro, uno de los barrios residenciales más consolidados de Madrid, este apartamento de 214 m² ocupa la segunda planta de un edificio de 1976 con ascensor. La propiedad se articula en torno a cinco dormitorios y tres baños, ofreciendo un espacio sustancial dentro de una distribución considerada. La entrada establece el tono: los suelos de madera generan continuidad a través de toda la vivienda, mientras que la planta se despliega en una secuencia de espacios interconectados. La cocina equipada se sitúa de manera central en el programa doméstico. Dos de los tres baños funcionan como dormitorios en suite, anclando la zona de descanso. Los armarios empotrados proporcionan almacenamiento integrado en los dormitorios, y una sala de trasteros en la planta baja del edificio extiende la funcionalidad.
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Almagro es el bolsillo tranquilo encajado entre Chamberí y la Castellana — unas pocas manzanas donde familias españolas de toda la vida, diplomáticos y fundadores de family offices viven desde hace generaciones. Calles como Fortuny, Zurbano o la propia Almagro se alinean con palacetes de finales del XIX construidos originalmente como vivienda unifamiliar, mayoritariamente reconvertidos en uno o dos pisos completos por planta, con alguna todavía en manos de las familias originales. La densidad de embajadas y consulados por manzana es la más alta de Madrid fuera de la franja diplomática formal de la Castellana. El parque inmobiliario es inusualmente homogéneo para el Madrid central — fachadas de sillería y ladrillo, techos de 3–4 m, barandillas originales de hierro forjado — y las viviendas son grandes, 180–400 m² es lo habitual.