
En una calle tranquila de Salamanca, este piso en planta baja forma parte de un edificio de 1954 con ascensor. Al entrar, el salón y el comedor se despliegan con suelos de tarima original y techos altos, que definen el carácter sobrio del espacio. La cocina, en forma de pasillo, se integra de manera discreta y funcional. La zona de descanso, separada por un breve pasillo, incluye un dormitorio que se abre a un patio interior privado, aportando luz y ventilación al corazón de la vivienda. Dos baños, uno de ellos en suite, cierran el conjunto, con acabados sencillos y prácticos.
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También en: Olisson Club, Housingo, Lucas Fox, Walter Haus, Engel & Völkers, BestFlat, Magna House, BHHS Spain.
Salamanca marca el techo de precios de Madrid y también su registro social. Desarrollado en el siglo XIX por el Marqués de Salamanca como enclave deliberado para la aristocracia capitalina y la nueva burguesía industrial, el distrito sigue funcionando exactamente así: embajadas, banca privada, los flagships españoles de cada casa de lujo europea y los edificios tranquilos donde familias de toda la vida viven desde hace generaciones. El trazado es rectilíneo y deliberado: aceras anchas, alturas de cornisa de diez metros, jacarandas en flor bordeando las avenidas en abril. La tipología, de cerca, es desigual — fincas clásicas con fachada protegida en las grandes avenidas, edificios anodinos de los años 60 y 70 en las calles secundarias, una proporción creciente de rehabilitaciones comercializadas como "obra nueva" — pero el producto es la dirección, y eso es por lo que se paga.