
En la calle Jorge Juan, en el barrio de Recoletos, este piso en cuarta planta se integra en un edificio de los años sesenta con ascensor. Su orientación exterior permite que la luz natural inunde los espacios, donde se ha conservado la distribución original con esmero. El recorrido comienza en un recibidor formal que da paso a un salón-comedor que actúa como núcleo social de la vivienda. Desde aquí, el espacio fluye hacia una cocina independiente, concebida para el uso cotidiano y conectada con una zona de servicio. Las estancias privadas se organizan a lo largo de un pasillo, con cuatro dormitorios y cuatro baños, cada uno de ellos preservando su intimidad y funcionalidad.
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Recoletos marca el techo de precios del Madrid residencial. La franja entre el Retiro al este y el Paseo de la Castellana al oeste — de la Puerta de Alcalá hasta Colón — es donde el patrimonio de toda la vida, la banca privada y el lujo internacional se han ido componiendo durante más de un siglo. Vistas al parque por un lado, la fila de embajadas por el otro, diez minutos andando hasta el Prado. Lo que se paga es la dirección: acceso a una geografía cívica y cultural que ninguna otra parte de Madrid replica, en edificios clásicos que ya no pueden construirse.